martes, 23 de junio de 2020

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El Principito: Análisis a fondo de Frases del libro (Post Complementario – Parte 7) / Reseña Literaria

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El Principito es un libro que se merece muchos posts, pues el autor, Antoine de Saint-Exupéry, dio en el clavo con esta maravillosa obra literaria infantil-filosófica. Hay frases de principio a fin, que si bien son escritas con un lenguaje sencillo, tienen un significado muy profundo. El Principito es el libro que más he recomendado en todos mis treinta y tantos años. Lo tengo en físico y en archivo PDF. Salvo casos excepcionales, al físico jamás pienso prestarlo. Si alguna vez tenga hijos o incluso nietos, solo ellos serán los privilegiados. Pero si alguien me pide mi único ejemplar, el que lo tengo siempre desempolvado en mi biblioteca, mejor le paso sólo el archivo en PDF.

En esta séptima parte de análisis de frases a fondo del libro El Principito, les traigo igualmente otras tres que elegí. Por ende, aquí les dejo con unos quince minutos más o menos de lectura. Espero lo disfruten:


Frase 19: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso.”

Dice el zorro al Principito cuando inició su relación de amistad. Esto también se conocería como ansiedad o deseo, estar a la espera del ser querido, el momento previo al encuentro donde más nos ponemos nerviosos. El zorro y el Principito desarrollaron una especie de ritual que consistía en establecer un horario dónde ambos tuvieran tiempo para compartir sus vivencias.

Cuando tienes planes con tu mejor amigo o amiga, o una cita con la chica o el chico con quien estás empezando a salir, previo al encuentro, sientes que el corazón se te acelera de emoción. El día te sonríe cuando al fin pueden estar juntos nuevamente. Cuando existe la verdadera amistad el corazón se alegra. Hay veces que incluso, mucho tiempo antes de que se concrete el encuentro, se aguarda sin hacer más nada que estar sentado o andando de un lugar a otro. Deseamos que el tiempo corra más rápido pero luego nos damos cuenta que mientras más esperamos, más tardan en pasar los minutos. Queremos ocupar ese periodo de espera en muchas actividades que nos distraerán la mente, pero seguidamente nos viene el recuerdo de nuestro ser querido.
Que dichosos nos sentimos al saber que alguien que también nos quiere o ama mucho estará frente a nosotros para hacer lo que más nos gusta juntos o simplemente disfrutar de la compañía. La puntualidad suma muchos puntos porque a ninguno de los dos le gusta esperar tanto.

El zorro estaría preparado para recibir al Principito una hora antes de su llegada. Quizá ya tenían programado sus actividades o, en caso no, lo harían una vez se encuentren. Por supuesto que se llegaría a un acuerdo; esto se iría volviendo más fácil a medida que se vayan conociendo, la química emergería poco a poco hasta llegar a la fórmula correcta del entendimiento y conexión. Cuando se alcance eso, habrá mayor coordinación y se actuará más con anticipo ante cualquier eventualidad. La amistad verdadera entre dos seres representa la dupla perfecta.

Las líneas dedicadas al Principito durante su relación con el zorro no son prolijas como los capítulos de un libro promedio, pues la obra de Antoine de Saint-Exupéry no se caracteriza por ser extensa ni mucho menos detallista, pero sí concisa y con el uso de las palabras adecuadas que se abren a interpretaciones innumerables. El autor no pierde el tiempo enredándose en la historia, pues elige bien lo que tiene que decir. Le bastó poco más de quinientas palabras para contar una historia de amistad sin precedentes en la literatura universal hasta la fecha de la publicación del libro. De lo que relata el escritor es posible sacar conclusiones y hasta uno mismo crear los detalles, una tarea del lector que, lejos de ser pesada, es entretenida y que exige de nuestra creatividad o imaginación, pero esta exigencia no es vista como imposición, más bien como una forma de llevar nuestra mente fuera de la realidad, momento que nos desestresa al nivel de hacernos soñar por unos minutos. Muestra de ello lo podemos ver en pinturas, poemas, viñetas y hasta historias extendidas, cada uno inspirado en el Principito. Esto, en general, viene a ser el arte en su máxima expresión originado de la poslectura.

Incluso en el Facebook se pueden encontrar varios grupos y fan pages dónde los usuarios comparten, reaccionan y comentan sin cansancio (me incluyo) todo lo que respecta o se relaciona con el libro El Principito. El piloto, la rosa y el zorro son los personajes principales de mayor importancia. Las frases que dice el zorro, como la que se está analizando, se han grabado en la memoria de miles de lectores del libro. Es importante recordar que el zorro conocía mejor a los hombres que el Principito. Su vida en la Tierra, pese a estar alejado de las sociedades humanas, no estaba del todo solitario, de vez en cuando se topaba con una persona. En cambio, el Principito vivía en su planeta solo al lado de su rosa, y hace poco que recién había conocido a algunos individuos, a cada uno en su planeta, que también estaban casi tan aislados como él, de forma distinta y a la vez parecida. El zorro, por lo tanto, tenía mayor experiencia de la vida; muestra de ello eran las frases que aplicaba o usaba con el joven príncipe. Este último aprendió más del primero que lo que fue al revés. Uno era apenas un niño que empezaba a conocer el mundo (universo) y otro ya quizá un adolescente con más vivencias en su haber.

La amistad entre el Principito y el zorro adoptó el rito de encontrarse a horas programadas, costumbre que es la columna de cualquier relación estrecha y sincera. Vale resaltar que la puntualidad debe ser primordial como señal de respeto. Es una virtud, que si ambos no la tenían, se irá forjándola con el pasar del tiempo. Si todo marcha bien y el entendimiento va mejorando, se hará más fácil la espera, y la paciencia se fusionará con el entusiasmo hasta volverse una espera reconfortante el tiempo previo a cada encuentro. Si ese sentimiento perdura es porque también se supo ser fiel al ritual. La dicha será tan fuerte como el primer día que se programó el encuentro. Esto es difícil de lograr pero no imposible. Si dejas de desearlo, es por falta de interés o aburrimiento. Y lo más sensato, es dejarlo ahí. Tal vez haya otros caminos.


Frase 20: “Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo resplandece en el silencio…”

Pensó el piloto mientras conversaba con el Principito durante sus últimos momentos al lado de él. El hombre sabía que el niño estaba por despedirse. La soledad del desierto sería el escenario donde el Principito desaparecería, el lugar donde todo empezó sería también dónde todo acabaría.

El Principito ya no tenía más qué hacer en la Tierra. Además el piloto había entablado una estrecha relación con él. Pero el momento de regresar a su planeta (a su mundo) no tenía por qué aplazarlo. Allá seguía su rosa esperándolo, los baobabs tal vez ya amenazando con invadir el terreno, sus volcanes separados entre sí y todo lo demás que constituía la experiencia previa a su viaje por el universo. El piloto conocía eso en general y tenía que dejarlo ir. Bueno, hasta esta parte de la serie de análisis de frases y reseñas que se viene haciendo en este blog, ya sabemos que el Principito en realidad no desaparece del todo de la vida del piloto, sino que —como representa el yo de niño— ambos volverán a ser uno solo de manera más conscientes, puesto que el crío vivirá dentro del adulto ahora de forma más intrínseca.
¿Pero qué significa amar el desierto? Vamos por pasos. Primero, empezamos con fijarnos a que en el desierto solo se ve arena y de vez en cuando un cactus o un animal que se escabulle o esconde en su superficie. Segundo, a veces pasa mucho tiempo hasta no ver más que arena. El sol que quema con fuerza durante el día y la oscuridad que trae el frío por las noches hace de este paraje una región hostil, en la cual uno no podría estar más solo (literariamente) de lo que estuvo durante toda su vida. Tercero, hay momentos dónde solo estás sumergido en tus pensamientos, y es cuando el tiempo transcurre más lento. En el silencio algo resplandece y ese resplandor para el piloto no es otro más que el Principito. El niño, su yo-niño, representa la luz de esperanza que aparece de repente y que una vez que ha cumplido la misión de devolverle la seguridad y el temple, simplemente regresa a su interior para yacer ahí y volver a manifestarse cuando la necesite de nuevo. Por último, esa luz ya no estará dormida como la estuvo durante el largo tiempo que el piloto se había olvidado de cómo es tener la mente de un niño. Esa luz, ese resplandor, vivirá en el corazón ahora, presta a emerger en los momentos que más se necesita de la esperanza y de elegir lo que es bueno tanto para nosotros mismos como para el resto a la vez.

La caída del piloto en el desierto es una analogía al momento en que los seres humanos tocamos fondo. Es allí donde necesitamos estar en soledad, sin nadie que nos perturbe más de lo que ya estamos. Solo podemos hablar con nuestra consciencia, y en el caso del aviador, su consciencia es el propio Principito, según lo dije ya muchísimas veces desde mi punto de vista.

La luz, el resplandor, apareció en medio de la nada, el Principito apareció en medio de la nada. El único en medio de la soledad del desierto quien puede hacer compañía al piloto, es el Principito. Se abre un encuentro con el interior del ser, similar a cuando se despeja la mente al practicar yoga, en dónde empiezas a conocerte más a ti mismo. Amamos esta soledad porque en ella encontramos refugio. Pero llega el momento donde ya quieres huir de ella y volver al mundo real para enfrentarlo. El desierto también significa eso. No solo es el paraje dónde se toca fondo, sino dónde te compenetras más contigo mismo, dónde tus pensamientos se escuchan como gritos, lejos de cualquier otra señal de vida.

Pero permanecer mucho tiempo en soledad no es saludable. El hombre por naturaleza es un ser sociable y la necesidad de volver al mundo real y estar rodeado de sus semejantes se va a manifestar en cualquier momento. Una vez se haya consumado el tiempo en soledad, se querrá solucionar lo pendiente. Con la dicha solución en mente, uno está preparado para salir de los aprietos. El mundo real lo espera pero esta vez aparecerá más fuerte, con más humanidad, con más decisión. Tras tener una visión mística o encontrarnos al borde de la muerte, no volvemos a ser los mismos. La soledad por un tiempo prolongado nos atormenta el corazón, dejándonos huraños y antisociales; mientras que la soledad por un tiempo determinado o suficiente para entrenar nuestro espíritu, nos renueva y los dolores se vuelven parte del pasado, que, en lugar de renegar por ellos, agradecemos más bien haberlos experimentado, porque aprendimos mucho más de lo que imaginamos.

El piloto, involuntariamente, hace una especie de entrenamiento espiritual o una lucha interna dónde acabará siendo una de dos. En este caso, no habrá segundas oportunidades, es ganar o perder. Si sale victorioso, vivirá; pero si no lo logra, solo lo aguarda la muerte. ¿Y quién fue el que vino a salvar de la muerte al piloto? Pues él mismo, su yo de niño, el Principito. Fue su yo del pasado quién le salvó, el resplandor en medio de tanto silencio, en medio de aquella paz, que si se alarga puede convertirse en pesadilla. Una carrera contra tiempo se armó desde que el avión del piloto se estrelló contra las vastas arenas. El Principito fue el quién le ayudó a recobrar la esperanza para que su nave levantara de nuevo vuelo. Y aunque el niño a simple vista no parecía ayudar en nada, en realidad lo hizo desde el primer momento que se apareció ante el piloto, su yo de adulto.


Frase 21: “Cuando uno está muy triste son agradables las puestas de sol.”

Dijo el Principito al piloto. Todos los seres humanos tenemos un lugar preferido o un sitio donde nos sentimos más cómodos, allí donde pensamos y meditamos sobre la vida. Cuando uno se siente triste no solo desea que alguien le consuele o le haga compañía, muy al contrario sucede muchas veces, cuando lo que se busca es estar solos. El Principito en su planeta, pese a ser muy pequeño, tenía problemas como cualquier persona, pues no existe una vida sin ellos, siempre se tendrá que lidiar queramos o no para así estar en paz y regocijo absoluto, al menos eso es lo que se busca pese a no conseguirla completamente, a excepción de muy pocas veces. A la mayoría les basta con vivir cómodamente, con problemas menores y pesares temporales o leves. Reconforta la buena salud, la buena economía y el amor mutuo, principalmente. Con estos tres elementos en la vida, uno puede ser feliz. Sin embargo, hay momentos de tristeza que son muy difíciles de afrontar y que uno no se lo espera la mayoría de veces. Allí es que acudimos al lugar donde nos sentiremos mejor, o esperamos que así lo sea. Nos agrada de alguna forma, porque no solo somos felices al lado de alguien, sino también, en un determinado lugar.
Al Principito le agradan mucho las puestas de sol, y es por eso que siempre que podía se sentaba para apreciar una. Un niño romántico y con alta sensibilidad es quien es el Principito. Con un gran corazón, que solo los niños son capaces de tener. Jamás ofendió ni hirió a su rosa en todo lo que se puede leer en el libro. Él simplemente agacha la cabeza, se retira y se aleja para pensarlo mejor y de esta forma encontrar respuestas a base de otras experiencias. En sus momentos tristes, el niño no pierde el control. Se tranquiliza. Se relaja. Se calla. (Ya debería haber aprendido más sobre él). Es un ser que mantiene la calma, es un ser que no deja de sorprendernos si volvemos a recordarlo, porque cada vez que lo hacemos, descubrimos algo nuevo, aprendemos algo nuevo, o algo que ya sabíamos, pero que no aplicábamos. Se siente como un jalón de orejas. “¿Cuándo vas a aprender?”, hay una voz que nos habla desde adentro, y luego nos damos cuenta que es el mensaje que nos deja Antoine de Saint-Exupéry. El autor, por aquellos años, quizá ni se imaginó que su principal obra seguiría cambiando las vidas de muchas personas en el mundo. Y “El Principito” no ha tenido que ser necesariamente un libro de autoayuda para “corregir” la vida de sus lectores, porque a experiencia propia, más me han servido los libros filosóficos que los del estilo de Kiyosaki o Cuahutémoc. Porque para ser feliz no seguimos los métodos o caminos que se nos recomiendan o imponen, ni tampoco para ser exitoso necesariamente tienes que ser rico. Cada uno es libre de elegir, cada uno entiende la fortuna de forma distinta. En el Principito no hay reglas qué seguir, no te muestra directamente formas de salir adelante. El Principito es un libro para interpretarlo por uno mismo. El secreto de su éxito está en descubrir sus mensajes. Es como que te quitan el velo lentamente y poco a poco vas entendiendo la verdad y respondiéndote a ti mismo qué es lo que debes hacer.

Ver una puesta de sol es ver acabar el día lentamente. Ser conscientes de que la Tierra sigue girando, que el ciclo de la vida no se detiene pero tampoco va rápido. El tiempo avanza tan pacientemente como si supiera qué ocurrirá mañana. Ver un ocaso es ser testigo atento de que la noche es tan distinta al día, pero aun así, todo sucede en el mismo lugar. El Principito, por ser niño, sentía que el tiempo corría más lento, pero en realidad el tiempo avanzaba al mismo ritmo que en la vida de cualquier adulto. Pero la vida de muchos de nosotros va a un ritmo acelerado, que pocos se toman la “molestia” de apreciar lo bello de los detalles. El mismo ambiente o círculo social hace que las horas pasen en un santiamén, tal y como ocurre con el farolero. Ese hombre no era feliz, para él su rutina no tenía fin, y las puestas de sol eran tan comunes, que no había tiempo de apreciarlas porque sucedían tan rápidas. Era tan infeliz, que ni siquiera se daba el tiempo para estar triste. Aunque suene paradójico, eso es peor, porque pierdes mucho de tu humanidad, puesto que solo pareces un mero autómata, sin otras opciones ni tener más que elegir que su miserable vida, a menos que dé un giro de ciento ochenta grados.

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Y con esto termino el análisis de tres frases más del libro El Principito del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. Francamente, no sé cuántas más haré, pues durante estos días no he podido ni tampoco sé si podré publicar mucho debido a las tragedias que he vivido últimamente en mi familia, producto de la pandemia mundial de Coronavirus. Espero pronto pase todo esto, ya que poco a poco estamos superando los duros momentos.
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domingo, 24 de mayo de 2020

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El Principito: Análisis a fondo de Frases del libro (Post Complementario – Parte 6) / Reseña Literaria

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Leer “El Principito” es como darse un paseo por la consciencia. Ahora, ya de adulto, lo siento así. Cuando lo leí de niño me entretuvo, y aunque no había leído todos los capítulos, pude leer algunas de las frases más importantes de la obra de Antoine de Saint Exupéry. Aprendemos mucho con esta novela infantil-filosófica. De adultos, emerge de nuevo lo que habíamos olvidado, todo aquello que vivía en nuestra alma de niño, la inocencia, la seguridad, el optimismo, la generosidad, la empatía, y muchos más sentimientos que dejábamos en segundo plano; pero lo que más renació es el Amor y la amistad. Cada personaje en el libro cumple un rol importante y están bien pensados por el autor.

Y como ya se está haciendo hábito en este sitio, aquí el análisis a fondo de otras tres frases del libro “El Principito:

Frase 16: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.

Dice el Principito a la serpiente cuando llega a la Tierra. Y es curioso que hable justamente con ella sobre el tema, ya que las serpientes son el símbolo de la traición. Cada estrella o cada señal que nos da la vida en algún momento son porque te quieren decir algo importante y si te descuidas o haces caso omiso, irás tomando el desvío que te llevará a ningún lugar prometedor. Muchos son los factores que nos distraen la mente para entender estos mensajes, entre ellos están las malas compañías o todas aquellas personas que no desean que surjamos, todas simbolizan, por lo tanto, la traición.
La vida nos da un sinfín de oportunidades, con metas unas más fáciles de alcanzar que otras, al igual que pasa con las estrellas que algunas están más cerca que las demás. Uno elige a dónde dirigirse. La mayoría opta por el astro más cercano porque sabe que no le demandará mucho esfuerzo y rápidamente podrá alcanzar el éxito y la felicidad. Pocos son los que deciden ir más lejos, hasta los confines del universo, hasta donde está la estrella más lejana, pero que se va haciendo la más brillante a medida que uno va aproximándose. Porque a mayor esfuerzo, mayor será la recompensa. En nuestros viajes nos encontraremos con diferentes distracciones, tal vez planetas dónde todo es fiesta o mundos dónde cada uno puede hacer lo que desea sin ley ni gobierno.

El Principito había empezado su viaje partiendo desde su planeta, encontrándose con varios personajes de los cuales fue descubriendo y aprendiendo muchas cosas. Él cuando se fue de B-612 aún no sabía a dónde exactamente quería ir, sabía sí que debía llegar lo más lejos posible con tal de encontrar respuestas que le tranquilizarían el corazón y por lo tanto se sintiera pleno. Fue así que llegó a la Tierra, tras conocer primero a otras personas en mundos distintos. Pero, el Principito seguía buscando su estrella, es decir, su sueño, que a un principio ignoraba que lo haría madurar a través de la revelación del comportamiento de los seres y del significado de muchos sentimientos de aquellos.

El Principito era apenas una inocente criatura cuando se alejó de su rosa y de su planeta. Durante el transcurso de la historia, el niño va abriendo los ojos. Se vuelve una especie de autodidacta, así como su alter ego, el piloto, y también su fiel amigo, el zorro.

El sueño del Principito era irónicamente regresar a su planeta. Pero, ¿por qué? ¿Por qué irse si acabaría regresando? Pues, porque quería volver, como adelanté, con respuestas, con un mejor concepto de la vida y la realidad. Quería encontrarse así mismo, su mejor versión para ser mejor persona en su mundo, y para eso tuvo que aprender y conocer tanto las virtudes como los defectos de los demás. El Principito crea una simbiosis humana profunda con el piloto que lo ayuda a crecer. Es un viaje de ida y vuelta, una ida que todo lector conoce y una vuelta que supone un cambio de etapa en la vida del ser humano. Narrar el viaje de vuelta es innecesario, el lector ya deduce lo que Saint-Exupéry marcó como tácito.

El Principito pasaría a formar parte del subconsciente del piloto. El mundo del niño estaba dentro del piloto.

Luchar por nuestros sueños nos hace ser más humanos porque esta lucha nace del espíritu. Nada ni nadie externo nos debe dominar para desviarnos del camino. Siempre con la vista hacia arriba en busca de nuestra estrella. Ella nos llama y debemos dirigirnos hacia su voz. El Principito aún no lo sabía con exactitud a un inicio pero su destino ya estaba marcado y solo se dejó guiar por la intuición y los dictados de su corazón, que son nada menos que la estrella que fulgura.

Las indicaciones están por todos lados. La vida es como una calle con señales por doquier. Tenemos que estar alertas y con el sentido de la intuición activo para coger la mejor ruta. Prever cada giro o movimiento, no distraernos en asuntos banales ni perder el tiempo en nimiedades, tampoco detenernos en zonas rígidas; puede que no sepamos cuando acabaremos en medio de un atolladero, pero allí es cuando debemos ser pacientes, ya que conservar la calma nos alimentará el espíritu, y cada prueba nos hará más fuertes.

Todos tenemos la capacidad de encontrar nuestra estrella. Ella siempre brillará para nosotros. Nos está llamando, nos está diciendo “acá estoy”, “ven, que te espero”, “no te rindas”. Allí está ella. Vayamos a su encuentro, seamos inteligentes y decisivos a la hora de avanzar, armémonos de coraje y tesón. La gloria viene luego de la penuria, pero solo la alcanzarás sino te rindes. En cambio, si no haces todo lo antedicho, tu estrella irá perdiendo su brillo y pronto va ser más difícil distinguirla en el firmamento. Sígala ya, porque pronto será imperceptible, mucho más que al comienzo de tu viaje. El asunto es acercarse, no alejarse.

Durante el camino a nuestros sueños habrá muchos obstáculos. En el Principito, la serpiente representa primero la traición que acecha pero que evita actuar ante la inocencia de un niño. Pero ya una vez al final, la serpiente toma el papel de “cambio de ciclo” o del salto a la siguiente etapa. El Principito retornó a su mundo, se despidió del mundo de los adultos para volver así al suyo. Él ya había conocido la amistad y ahora podía entregar mejor su Amor.


Frase 17: “Sólo se conocen bien las cosas que se domestican.

Dijo el zorro al Principito. Tener amistad con alguien no es sencillo de alcanzar. Cada persona es única; por muy parecida que sea con otra, jamás se podrá ser exactamente igual a pesar de años de convivencia. No existen las almas exactamente iguales, o como se dice las almas gemelas; el concepto está mal interpretado o mal dicho. En este caso se deberían llamar "almas compatibles", pues la una y la otra juntas forman dos piezas que se juntan, como un rompecabezas. Ambas se complementan, lo que le faltaba a una lo tenía la otra y viceversa. Juntos pueden llegar lejos.
Cuando el zorro usa en el Principito el término “domestican” se entiende que se refiere al hecho de querer imponer al otro a cambiarle a su imagen y semejanza, o sea, de obligarlo a ser cómo él. Ahí es cuando hay un choque de personalidades. Conocemos cuáles son los defectos de cada quien, porque hay un rechazo como respuesta a la imposición. Todos queremos ser libres y a la vez ser complacidos. No es simplemente domesticar y ya, para que solo uno sea feliz o al menos cree que lo es. Tiene que haber reciprocidad, entendimiento y comprensión, y según lo que en el Principito se da a comprender, ambos deben domesticarse, hacer una fusión de personalidad, acentuando las virtudes y eliminando los defectos. Para eso debe existir el diálogo permanente, sin tapujos ni secretos ni mentiras. Es clave mostrarse tal y como se es.

El Principito y el zorro aprendieron mucho viviendo su relación de amistad. Esto permitió al Principito tener una mejor perspectiva de la vida y cómo debería ser o actuar con su rosa. La amistad le ayudó a madurar. El Principito y el zorro se conocieron muy bien, pero había respeto y fidelidad, ninguno imponía su parecer al otro. La domesticación consistía en respetar el espacio de cada uno y saber aguardar el momento de encontrarse. Todo se trataba de disciplina y autocontrol. No había reclamos de ninguna parte. El Principito, para ser un niño, era muy maduro para su edad. El tiempo que pasó con su rosa le hizo ganar experiencia. Sabía cómo manejar mejor la situación, sabía cómo controlar mejor sus emociones y deseos. Su amistad con el zorro estaba libre de malicia, las visitas se transformaron en un hábito y extrañarse cuando no se veían era normal. Pero no había presión, todo seguía su curso, se dejaba fluir la amistad lentamente, sin estar pendientes del día que tendrían que despedirse. Por el respeto que se tenían, no había reproches, pues el Principito sabía que tenía que seguir con su viaje y el zorro sabía que era la misión de su amigo irse. Vivieron felices el tiempo que pasaron juntos.

El Principito al fin entendió cómo debía tratar a su rosa o cómo encontrar con ella una mayor comprensión. La relación de amistad con el zorro sumó muchos puntos que lo hicieron ser un mejor ser humano, con más tacto y menos imprudencia. No dejarse enternecer por la belleza física ni cautivar por las apariencias. Cada quien tiene belleza, pero lo que vale realmente, es la belleza interior. Bastaba rescatar eso de la rosa, adentrarse en su alma para entenderla y ponerse en su lugar; sólo así había opción de mejorar la relación. Y ya desde que el niño se alejó de su planeta, dejó a la rosa sumergida en sus pensamientos, haciéndose un análisis de sí misma a través del espejo de su consciencia. Sola, mejor dicho sin el Principito a su disposición, empezaría a valorar lo que tuvo, todo lo hermoso de las buenas atenciones que el niño siempre le daba sin protestas. La atención, el aprecio, el cariño, la preocupación, el agradecimiento, entre otras muchas dádivas, deben emerger de los dos. En todo el tiempo que la rosa estuvo solitaria de hecho que hubo aprendido tanto como el Principito. El niño ya no lo sería tanto y la rosa sería más fuerte y segura, con gran amor propio, lista para ofrecer su corazón con total abnegación al único ser que era un pan de Dios con ella. Ahora no dejaría que se marchara, no impidiendo o jalándolo de la manga, sino dándole el espacio y la atención que él se merece. Así el Principito se sentiría más a gusto y siempre amaría a la rosa.


Frase 18: “Nada en el universo sigue siendo igual si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido, o no, a una rosa.

Dice el piloto recordando al Principito cuando el niño desapareció en el desierto. El hombre pensaba en lo que podría estar sucediendo en el mundo del niño. Nadie es capaz de tener el control de todo lo que pasa. Por más que se planea algo por mucho tiempo, los resultados siempre suelen ser diferentes a lo que creíamos. El curso de la existencia es impredecible.

El Piloto dibujó un cordero para el Principito y este último lo llevará a su planeta y así le ayudará a acabar con los baobabs que crecían rápidamente. Pero luego el niño temió por su rosa porque pensó que el cordero no podría distinguir qué es comida y qué no, por lo que su amada corría peligro de ser devorada. Así que el piloto le dibujó un bozal para que usará el cordero. Esto pudo tranquilizar al Principito. Pero luego el piloto, cuando ya el Principito se había ido, hizo memoria y se dio cuenta que el bozal no tenía cintas para sujetarlo a la boca del cordero. Por eso el seguía sin conocer a ciencia cierta qué es lo que pasaba en B-612. ¿Cómo saber si todo estaba bien? El recuerdo lo ponía melancólico, pero interiormente no perdía la esperanza de volver a encontrarse con el Principito, lo dijera o no.

Al piloto le preocupaba la rosa del Principito, porque sabía que ella era lo más importante para el niño. Pero con todas las cosas nuevas que había aprendido el Principito también sentía algo de confianza en que él podía arreglárselas por sí solo.

Es imposible, muchas veces, tener el control de lo que no está cerca o a nuestro alcance. El Principito aprendió a pescar y no solo a recibir el pescado, aprendió a sobrevivir y a cuidarse por sí mismo, incluso más que antes de partir de su planeta. El Principito podía solucionar todo tipo de problemas con las enseñanzas que fue juntando durante su viaje.

El universo sigue expandiéndose, sigue evolucionando; la vida sigue su curso y de algún modo se abrirá camino. Todo es cambio, adaptación, saber sobrellevar. Madurar es lo mismo que adaptarse y saber afrontar. Cómo sea, el Principito se las arreglaría con su rosa, el cordero, los baobabs, y todo lo demás en su mundo. Nadie dijo que sería fácil. Y creo que ya lo he dicho en el análisis de otra frase: La vida es toda menos aburrida.

Por la cabeza del piloto pasarían un montón de pensamientos. Se imaginaría al Principito en un gran número de situaciones, en las que tendría que luchar solo a base de ingenio e inteligencia. Pues ya conocía mucho más de la vida y las probabilidades de que fallara eran mínimas. No cometería de nuevo errores con su rosa ni con su recién llegado cordero, tendría por eso que mantenerlo a la mira, de todas formas. El piloto, aunque no pudiera controlar lo que ocurre a lo lejos, tendría que confiar en la experiencia y capacidad del Principito. No era fácil, pero debía de hacerlo. Su amigo estaba lejos y a la vez cerca, lejos en B-612 y cerca en su corazón. Sin embargo, el adulto aprendió más que el niño en este sentido. Lo importante es que ambos ya sabían lo suficiente, pues la experiencia vale más que todo el oro del mundo cuando uno quiere vivir mejor, sin tribulaciones ni discusiones.

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Termino el análisis a fondo de tres frases más del libro El Principito. En esta oportunidad me atrasé en la fecha de publicación de esta edición, que era de una cada cuatro días. Lamentablemente no pude cumplir con lo establecido, puesto que el factor tiempo me ganó, debido a esta crisis mundial que estamos viviendo y que espero que acabe pronto esta pesadilla. Durante estos últimos días estuve publicando en mi otro blog (Me Escapé de Casa), pese que algunos de mis seres queridos también han sido víctimas del virus. En este otro sitio subo noticias de actualidad y todo tipo de novedades útiles. Ahora, en Tu Lector Ideal por supuesto que pienso seguir brindándoles mis análisis de frases de la pequeña gran obra de Antoine de Saint-Exupéry. Apenas tenga listos mis líneas, las estaré publicando.
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domingo, 17 de mayo de 2020

Escrito 18:55 por con 0 comentarios

El Principito: Análisis a fondo de Frases del libro (Post Complementario – Parte 5) / Reseña Literaria

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Al libro “El Principitolo leí en hora y media más o menos, pero no solo una vez. Los tiempos que me tardé en leerlo no se comparan con el tiempo que me dediqué a analizarlo y escribir sobre él. Antes de tomar mi laptop y empezar a digitar todas las palabras que voy dedicando hasta ahora a la maravillosa obra de Antoine de Saint-Exupéry, me siento a pensar por horas a modo de filosofar un rato y reflexionar a través de muchos fragmentos que capturaron mi atención. La novela está sembrada de frases, es una jungla de frases por así decirlo. Y aquí de nuevo regreso con otro post de análisis, el quinto de su clase.

Léanlo y dedíquense el tiempo que deseen:

Frase 13: “¿Y de qué te sirve poseer las estrellas?”

Esta frase solo necesita ser una pregunta. Es una interrogante que el Principito abre al hombre de negocios. La respuesta que obtuvo fue: “Me sirve para ser rico”. Pero el Principito no se rinde y sigue preguntando: “¿Y de qué te sirve ser rico?”. A lo que el hombre de negocios le responde: “Me sirve para comprar más estrellas”.

El concepto de esta frase ha sido usado de distintas formas. El refrán que más se asemejaría sería “quien mucho abarca poco aprieta”. Porque, ¿de qué vale tener tantos bienes o acumular tanto tiempo para sentirse satisfecho, si de nada servirá en un futuro? Sabemos que eso no es la verdadera felicidad y el quien dice que la es, se engaña a sí mismo con la falsa ilusión de que las riquezas materiales son sinónimo de éxito. Ser rico no supone que seas feliz. Hay más pobres felices que ricos. La gente humilde valora cada ser y cada cosa que tiene en su vida con tanta devoción porque se concentra mucho en ellos, ya que por ser tan pocos, tienen más peso. En cambio, uno que tenga tanto, sobre todo cosas, tendrá muchos “sobrantes” que no le servirán jamás. Todo lo que acapara será en vano. Se podrá dar lujos y una vida pudiente, todo eso, pero menos felicidad. Hombre que quiere más y más, es un hombre infeliz.

Llega un momento en la vida de muchos hombres que consiguen todo lo que han querido en la vida. Se sienten plenos. Sin embargo, aunque ya posean lo suficiente para ser felices, ambicionan aún más. Desde ese momento empiezan a alejarse de la felicidad para vivir ansiosos y deseosos de lo que sea, incluso de lo que no saben ni para qué le servirá.

El hombre de negocios ha adoptado a la avaricia en su vida. No contento con unas cuantas, sigue acumulando más estrellas en su cuenta. Quiere tenerlas todas o dice ser poseedor de todas. Ocupa su tiempo completo a acumular las riquezas del espacio en números contabilizados. Tiene tantas en su haber que, por irónico que parezca, ninguna le da beneficio. Ciertamente no disfruta de ninguna. Solo puede verlas desde su escritorio y contarlas, nada más. Se concentra tanto en su labor que se desentiende de lo que pasa a su alrededor, es por eso que cuando el Principito pasa a saludarlo, el hombre evita prolongar la plática con el niño. Sentía distraerse y por lo tanto podría fallar en su contabilidad. Eso sería desastroso a su parecer. Que un niño venga a desestabilizar su “patrimonio”, con el simple hecho de entablar conversación, lo cogió desprevenido. Necesitaba concentrarse y así que a seguir con sus cuentas hasta que anotó en un papel la cifra de estrellas que decía eran de su propiedad. Alrededor de su planeta nadie reclamaba el espacio, excepto el hombre. Y en el caso que otro vendría a querer adueñarse, no se lo permitiría, porque simplemente ya contó las estrellas y el número lo tenía apuntado y guardado en un lugar seguro. Es algo así como el dinero que los ricos guardan en sus bóvedas o bancos y jamás usan, es capital muerto, son cifras congeladas que quizá en la vida utilice. Habiendo tanta gente que se muere de hambre (que necesite la luz de una estrella para tener calor), ¿por qué no dársela a ellas? ¿De qué sirve tener tantas mansiones construidas en terrenos que antes eran del pueblo, en lugar de tener una sola casa con las comodidades básicas? ¿De qué sirve tanta ropa o banquetes a diario, en vez de vestir o dar de comer a los que más necesitan? Cada segundo se talan árboles con el sello de la ambición, igualmente muchos pierden sus hogares, se quedan viviendo en la calle sin tener siquiera para un pedazo de pan. Ricos que botan la comida que les sobra o que matan animales para vestirse abundan en el mundo. Hay tantas riquezas que si serían repartidas equitativamente ningún ser humano pasaría hambre, incluso viviría cómodamente.

El Principito, en su inocencia, no entendía porque los adultos eran tan raros. El muchacho desconocía el egoísmo y la avaricia del hombre hasta el día que se encontró con el hombre de negocios. Mucho se parece también este adulto a los corredores de bolsa que se meten a la dura carrera de acumular riquezas. Su rutina consta de estar sentados en su oficina o cubículo la mayoría de horas que están despiertos. Cuando descansan siguen hablando de eso, sobre cifras, cuentas, subidas, bajadas, etc. Dicen llamarse emprendedores cuando no son más que avaros que solo piensan en el beneficio propio, el altruismo no existe para ellos, mucho menos las palabras “suficiente” o “basta”. Quieren superar a todos económicamente en una eterna riña entre quien es el mejor estratega en llenarse los bolsillos.

Al Principito no le simpatizó el hombre de negocios, ni viceversa. Eran dos polos opuestos. El corazón del niño era noble, libre de pecado y libre de perturbaciones. Nuestro héroe era feliz a su manera.


Frase 14: “Bebo para olvidar que soy un borracho.”

Responde el borracho al Principito cuando este último le pregunta ¿por qué bebe? Esta frase se forma juntando las respuestas del capítulo. En otras ediciones, el borracho responde con la frase: “Bebo para olvidar que tengo vergüenza de beber”.

Parto diciendo que el alcohol produce amnesia temporal. Pues, eso cualquiera lo sabe, pero lo recalco porque lo que dice el borracho en su capítulo es una realidad muy cruda, que algunos dan pena y a otros cólera, o quizá un poco de ambos, como es mi caso. Siento lástima ver a una persona que se hunde en el alcohol y a la vez me molesta sus actitudes malsanas. Es así. Ver a un individuo en el más aberrante estado de ebriedad causa repulsión al primer momento.

El borracho en El Principito de una forma u otra era consciente de que su miserable existencia. Beber lo hacía olvidar que era un desgraciado y que su vida estaba tirada por la borda. Estaba tan hundido en el lodo que sacarlo del fondo era tarea de valientes, de un profesional con mucha experiencia en el manejo psicológico de las personalidades, pero, en tal caso, más dependía del afectado y no del quien intenta ayudar. Si el borracho solo busca la solución de seguir libando para olvidarse que era un infeliz, e insiste en seguir dicho camino, nada se podrá hacer para sacarlo de su miseria. La familia y los buenos amigos suelen ser los que más luchan por sacarlos del vicio, porque no soportan ver a alguien que aman tan destruido por su falta de autocontrol.

El borracho tendrá más vergüenza si en su vida pasada había sido alguien influyente o importante, conocido por medio mundo por su intachable conducta y estatus social. Con más razón beberá, dado que en pleno estado etílico no se acordará que antes fue un hombre de éxito, y que por avatares del destino cayó en la más profunda depresión que lo obligó a refugiarse en las copas. Un borracho no es borracho porque quiere, las circunstancias de la vida lo llevaron a tomar tal decisión, podría haber sido la muerte de algún ser querido, la bancarrota de su empresa o tal vez una decepción amorosa que le rompió el corazón. Aquí es cuando el ser humano demuestra de cuán fuerte puede ser, es decir, de cuánta fuerza emocional tenga para dar la cara ante las adversidades y saber superar los problemas. Ya si sigue insistiendo en beber es porque empezó siendo un cobarde y ahora es un estropajo con la visión tapada; se encierra en su propio dicho y rechaza la ayuda porque no está seguro de si lograría levantarse y teme volver al mundo real, poniendo como escudo de mediocridad la frase “qué dirán”.

Si tuvimos las pelotas para hacer que nuestro hígado y estómago aguanten tanto alcohol, debemos tener también el coraje de enfrentarnos de nuevo a la sociedad y renacer como el ave fénix. Ya previamente escribí algo al respecto en el análisis de otra frase del libro El Principito, cuando menciono que tú eres el dueño de tus emociones, nadie tiene ni debe porque influir en tu estado mental, cada uno decide si lo toma de ofensa o lo deja pasar. Salvo que haya una conexión profunda entre ambos seres, la compatibilidad de pensamiento hará que ambos sientan casi lo mismo y al mismo tiempo. Eso ya es otro nivel cuando conectas con tu otra mitad mientras las auras van encontrando el equilibrio.

El Principito sintió lástima del borracho. La poca conversación que pudo entablar fue suficiente para descubrir la desdicha de los hombres. En la sociedad en que vivimos, a los que llamamos parias se los trata mayormente como animales o peor, ni siquiera se intenta ser capaz de acercarse a ellos para escucharlos mientras podrían estar sobrios. Hay pocos que lo hacen. Y esto sirve de mucho para subir el autoestima de estas personas, ya que quizá después de mucho tiempo alguien les trató como seres humanos o apareció un alma caritativa para tomarlo importancia aunque sea unos minutos. Eso los llena y los hace sentirse aún importantes. De que valen como persona y de que a pesar de su condición y aspecto todavía hay gente que no les tiene asco. Cuando son mirados a los ojos pueden al fin sentir nuevamente que tienen un corazón que late dentro.

Los borrachos como el Principito son el tipo de seres que más necesitan ser rescatados. Para ello debe intervenir una persona que verdaderamente siente amor por el prójimo y con vasta experiencia en las relaciones en los diferentes entornos sociales. Aparte de ser caritativo, debes tener dotes de psicólogo, para así mantener una plática provechosa con ellos. Lo primero que se debe de hacer, es darles seguridad y brindarles confianza, que ellos confíen en nosotros y nosotros en ellos. Que sepan que hay reciprocidad. Luego irán perdiendo la vergüenza a medida que se dan cuenta que alguien les está tomando en serio. El desdichado reflexionará y se cuestionará así mismo. Si a parte de alcohol está metido en las drogas y/o actos delictivos, el trabajo del psicólogo será mucho más difícil. En todos los escenarios se debe ser constante pero sin ser en extremo persistente, porque esto a veces resulta ser contraproducente, puesto que muchos adictos lo sienten como una espina en el zapato o un mosco que no deja de rondar por su alrededor. Es molestia e incomodidad para muchos de ellos. Puede que el Principito percibiera algo, y es por eso que se fue rápido y dejó al borracho otra vez solo en su planeta.


Frase 15: “Los hombres se meten en los rápidos, pero no saben dónde van ni lo que quieren. Entonces se agitan y dan vueltas.”

Dijo el Principito tras encontrar el pozo en el desierto. Muchas veces nos vemos metidos en eventos de los que no podemos salir sin ayuda, pero hay algo más que explicar en esta frase.

La mayoría avanzan por la vida sin saber a dónde irán a parar o sin ponerse a pensar por un rato al menos cuál será su destino o cuál es su misión u objetivo que deben alcanzar en la vida. Se lanzan al río sin saber si caerán en una cascada o desembocarán en un mar o un lago. Se dejan llevar por la vida con rumbos impredecibles porque evitan tomar el control, dejan que la canoa los lleve según la corriente del río, mientras los remos se pudren en el suelo porque les da flojera cogerlos, les da pereza total empezar a tener el control, dado que se lo atribuye como algo extenuante y aburrido. Estas personas se rehúsan a realizar cualquier tipo de esfuerzo, solo se sientan y disfrutan del paseo, se dejan llevar por el vértigo y la velocidad, eso les emociona y los hace sentir felices, ignorando qué peligros podrían aparecer en cualquier momento. Solo viven el momento sin medir las consecuencias. Y cuando se dan cuenta que cometieron un error, ya estarán en medio de un remolino de agua que poco a poco les irá sumergiendo. Puede que nunca conozcan el mar porque están demasiado lejos de él.

Cuando el Principito encontró el pozo abrió los ojos del piloto, y el hombre al fin supo que debemos seguir el instinto o los dictados del corazón para hallar lo que deseamos. En ese momento el pozo era lo que más querían ambos, o mejor dicho, el agua que había debajo. Pero el piloto no sabía lo que quería exactamente o no tenía fe de lo que podría encontrar. El Principito, con su confianza inquebrantable de niño, dio con la salvación que les saciaría la sed y les rescataría de la muerte.

Cuando tomas el remo, sabes a dónde quieres ir, con la convicción que tienes sortearás un sinnúmero de obstáculos y gradualmente te irás alejando de corrientes peligrosas hasta acabar en el buen recaudo de un mar o lago, donde podrás tomar el sol tranquilamente en la orilla y sentir el agua calma sobre tus pies. Esperarás el atardecer de tus días viendo los ocasos de la playa. Llegar allá no es fácil, pero cuando vivas allá sabrás qué es lo que realmente querías, claro que era ser feliz, pero ahora sabrás cuál era la forma correcta y segura de serlo. Muchos confunden la felicidad plena con los placeres mundanos efímeros. Lo fácil pierde rápido su valor o se deteriora en un santiamén. Lo difícil, una vez alcanzada la meta, no tiene fecha de vencimiento o, mejor dicho, no habrá nada ni nadie que lo desgaste.

Pensar como niño —lo dije decenas de veces en mis posts sobre El Principito— sirve de mucho en diferentes aspectos de la vida. ¿Recuerdan que de niños querían ser de todo cuando llegaran a ser mayores? Desde carpinteros hasta astronautas, o desde cantantes hasta gobernantes. Queríamos ser lo que sea y, por supuesto, estábamos seguros de que lo conseguiríamos. Y no ocurrió. ¿Cómo se explica? Muy sencillo: Cuando uno va creciendo, va tomando consciencia y la madurez es aprender a tomar mejores decisiones de situaciones que se originan en la vida adulta, principalmente de la realidad. Nos dejamos influenciar por la sociedad que año tras año le hará olvidar nuestros verdaderos sueños, quizá suenen descabellados, pero muchos de ellos podrían lograrse. Los adultos perdemos mucho: seguridad, fe, confianza, convicción, y otros sentimientos semejantes. Los factores externos cambian nuestra perspectiva de la vida, que no debe confundirse tampoco con madurez, porque esto es degradar nuestro espíritu y la madurez es aprender a tomar mejores decisiones de situaciones que se originan en la vida adulta, especialmente.

El Principito no tuvo que dar muchas vueltas, sólo marchar directo con una gran convicción hacia el pozo de agua. El piloto no tuvo otra opción que ir con él, ya que, aunque no sabía si sería una buena idea continuar, era su obligación acompañarlo. No permitiría que una inocente criatura perezca sola en el desierto. Pero el Principito sabía con seguridad qué encontraría lo que buscaba, y es por eso que pronunció la frase cuando llegaron al pozo.

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De nuevo apliqué un poco de metáfora para el análisis de estas frases del libro El Principito. Me explayé como de costumbre, esperando sus apreciaciones al respecto. Más adelante vuelvo con otras tres frases.
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miércoles, 13 de mayo de 2020

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El Principito: Análisis a fondo de Frases del libro (Post Complementario – Parte 4) / Reseña Literaria

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Lluvia de frases caen en cada capítulo del libro “El Principito, pero no son frases cualesquiera o las que se pasan de largo, pues, en su mayoría son frases célebres que hasta la actualidad han ido formando parte del uso cotidiano para expresar pensamientos filosóficos y reflexivos. Se cita a la obra de Antoine de Saint-Exupéry en múltiples veces en toda categoría de artículos, estudios e informes literarios, sociales y culturales. Aparte del libro, tuve la oportunidad de leer una serie de críticas tanto apreciativas como en contra. Bueno, en realidad de lo segundo sólo leí tres, cada una sin fundamento; más sonaron como a resentimiento o querella contra el estilo del autor.

No se olviden que clicando en el ícono del Índice pueden ver todos los posts sobre la novela ordenadamente para elegir el que deseen leer. A continuación, el análisis a fondo de tres frases del libro “El Principito”:

Frase 10: “Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar.”

Dijo el rey al Principito cuando el niño inquirió sobre su poder. El monarca no podía ordenar a una estrella que se desplazara más rápido sobre su órbita, así que solo pronunciaba mandatos que un astro podía obedecer según las leyes del universo.

El rey es como uno de los típicos gobernantes que abundan en el mundo. Ellos dicen tener un gran poder sobre su pueblo. Dicen que son capaces de tener dominio sobre todo, pese a que ni ellos se lo creen o se niegan a admitir. Cuando alguien no cumple o no puede cumplir lo que se le ordena, el rey simplemente, por no quedar en ridículo, afirma que esa persona lo hará en algún momento. Se jacta de ser magnánimo cuando interiormente se siente un desgraciado, porque, una vez pase un tiempo gobernando, se dará cuenta de que no tenía control sobre todo, más bien a sus palabras se las llevaba el viento y era un mortal más, tanto o menos importante que cualquier ciudadano o habitante de “su” pueblo.

Los gobernantes se ponen delante de la sociedad entera para ser escuchados, pero en realidad cada “oyente” cumple lo que puede o es capaz de hacer, incluso, otros no mueven un dedo y se quedan de brazos cruzados. Un gobernante jamás verá resultados rápidos en medio de un pueblo tan variopinto, tan disímil en clases, unas que brillan más y unas que brillan menos, así como lo hacen las estrellas del cielo que mientras más lejos se encuentren, más tarda en llegar la voz, en llegar la justicia y el mandato del quien dice ser supremo. Si hay presión o insistencia de lo último, el pueblo lo percibe como autoritarismo, pero si ni siquiera hay señal del Gobierno, lo sienten como desidia. Debe mantenerse un equilibrio. La voz de la autoridad debe ser escuchada por todos, pero aun así nadie gobierna a nadie, tampoco nadie es dominado por nadie. Cada uno es dueño de sus propias decisiones. Podrán obligarte a hacer algo, pero si te dicen por ejemplo salta cinco metros, no vas a poderlo, porque no se encuentra a tu capacidad o a la capacidad física del ser humano. Acá se habla de gobierno y dominio de las facultades del ser, eso nadie podrá contra uno, a menos que te modifiquen genéticamente o te implanten algún dispositivo, en este caso, se perderá la humanidad y la capacidad de decidir por uno mismo.

Un rey o gobernante no es Todopoderoso ni Omnipresente. No es capaz de controlar tus acciones, no sabe lo que haces ni lo que te pasa fuera de su vista. Tampoco es poseedor de tus tierras por más títulos falsos que él imponga. Tu eres el único que le da valor a lo que posee porque hay sentimiento de por medio. La tierra que tú cosechaste, la casa que con tu sudor construiste, el auto que con esfuerzo ahorraste para comprarlo, todo eso es tuyo; podrán quitártelo pero jamás le pertenecerá al otro. Cada cosa tiene parte de ti.

Llevar una corona en la cabeza o una banda en el torso no hace a uno rey o gobernante en el sentido estricto. El atuendo no hace al que le dieron el cargo. Se debe ser líder a cuenta cabal… Y para empezar, ¿qué es lo que hace a uno líder? Pues un líder, no domina a los demás, se domina así mismo. A todos los pone a su altura y como para que pueda verlos por igual, de frente a la cara, para poder conocer su sentir y compartir sus conocimientos, desde el más humilde al más sabio. Eso es lo que ya ninguna autoridad —creo yo— hace actualmente. Solo mandan y mandan, sin saber que nada logran, y si lo saben, lo ignoran o lo dejan pasar, porque la mediocridad les hace olvidar que han sido colocados para ser líderes, no déspotas ni tampoco incapaces.

Viviendo sentados en la comodidad del balcón o trono, una autoridad desmerece su cargo porque nunca aprenderá que es mancharse la ropa o encallarse las manos. Si no experimenta, si no es testigo de lo que pasa en su pueblo, no sirve para su cargo. Tener dotes de psicólogo ayudaría mucho, porque se identificarían mejor las problemáticas y su posterior solución.

No sé trata de pedir obediencia, el asunto es tratar de entender lo que pasa por la mente de un pueblo, y fuera de exigir lo necesario, saber por qué se lo hace o en qué beneficiará eso a ambos. Antes de hacerse entender es indispensable entender a los demás. Levantar la lampa o tirar la red para saber cómo es la vida en la sociedad.

Cómo ven, ser autoridad es un trabajo de tiempo completo para el bien del pueblo y del futuro del mismo. Gobernante que no cumple eso, es un vil mentiroso o vende humo. Es por eso que el Principito, decepcionado de la mediocridad de los adultos, se va del planeta del rey. El hombre de la corona, hasta el último momento no dejó de darle órdenes.


Frase 11: “Él se enamoró de sus flores y no de sus raíces, y en otoño no supo qué hacer.”

Un claro ejemplo cuando una persona solo se fija en el físico de otra. Como el dicho, “por la vista entra el gusto”, se refiere a que la primera impresión que nos llevamos de otro es por su belleza de rasgos o incluso en su forma de hablar. En el caso de una mujer, ella tendría que tener lindos ojos, labios sensuales, esbeltez en la cintura, caderas firmes y busto levantado, bueno, depende de los gustos de cada quien, o incluso el olor llamaría la atención, ya que este es un adormecedor efectivo. En el caso de un hombre, él debería verse atlético, con un buen corte, manos fuertes o paso seguro, ya también eso depende del gusto. En ambos cuenta mucho el aroma y el timbre de la voz, aparte del toque mágico que toda persona simpática tiene: una sonrisa encantadora. Con todas esas características solo se ven flores, ¿acaso nada podría ser tan perfecto? Esa es la pregunta que muchos se hacen al conocer a estos seres atractivos. Durante los primeros días, semanas o meses que se vaya conociéndolos más a fondo, se irán develando muchos detalles que a un inicio no percibimos. Como dice otro refrán “no todo lo que brilla es oro”, que hace mérito a las personas que se les creía dioses ahora no son más que simples mortales, con los mismos defectos que cualquiera.

Enamorarse de las apariencias es vivir engañado consigo mismo. A veces evitamos saber más de esa persona por temor a la decepción, y cuando ya nada es oculto o cuando el verdadero rostro sale a relucir, se prefiere seguir a su lado y pregonar que la relación sigue siendo perfecta como en un cuento de hadas. En vez de buscar soluciones, cubrimos la mentira, pues las raíces seguirán enterradas y nadie se enterará de que tierra brotó o cuál es el origen de tanta “perfección”. Solo seguirá viéndose lo que está arriba de subsuelo, dónde el sol alumbra y no donde yace el lado oculto o el lado oscuro (siendo un poco más tétricos), que es allí a donde se debe tomar más atención para encontrar un medio de mantenerse estable y fuerte ante cualquier embiste del exterior.

Evadiendo los problemas los complicaremos más. El diálogo es el mejor hidratante y la comprensión es la mejor nutriente contra la turbulenta vida dentro de una relación. En primavera todo es color de rosa, las flores son bellas y relucientes, atractivas y llenas de un delicioso perfume. En cambio, en otoño la belleza se marchita y salen a mostrarse las ramas, el tallo y algo de las raíces; ahora es donde nos fijaremos qué hay debajo o detrás de aquella beldad.

La decepción viene después de la primera impresión y lo que creíamos que es cien por ciento Amor, fue solo atracción por lo exterior. Así se inicia la comprensión de la realidad y será decisión de uno si decide luchar por vivir de nuevo la primavera o quedarse engañado en el fango del otoño. Cuando ambos batallen y aprendan a amarse desde las raíces a la copa o la punta de los estambres, les espera una primavera mucho más colorida.

Del “no saber qué hacer” se empieza: Si se va a construir una etapa de supervivencia en medio del otoño o si se va a escapar de los problemas, y de este segundo, salen aún dos opciones más, si se va a vivir con los brazos cruzados esperando que la estación cambie sin luchar, o, si se huirá en pos de otras rosas que le darán también falsas esperanzas, y sin dudarlo, volverá a vivir lo mismo dentro de un círculo vicioso. Él o ella serán personas de apariencias. Algunas prefieren vivir en el lujo y la ostentación cuando en realidad hay raíces que se están debilitando debajo, o, unas flores y hojas que se ennegrecen perdiendo su luz. El otoño nadie lo espera, pero llega. Llega sin previo aviso, y si no estás preparado te puede cubrir con sus hojas secas y dejarte sin seguir viendo los pétalos de bello contraste de las flores.

Aprender a amar los defectos y virtudes es el camino a amar por completo a alguien, a amar sin dudas ni inseguridades, ser tolerantes y luchadores.

La vida nos enseña a saber qué hacer. Las pruebas que se nos imponen tienen muchos acertijos que deben ser resueltos, pongámosle empeño y decisión, apliquemos la intuición y la colaboración mutua entre pareja. Que se cree una cohesión para solucionar los problemas y hacerlos como uno solo o en conjunto. Les juro que sí se puede. Lo digo por experiencia propia: encontremos el lado positivo de las cosas.


Frase 12: “Tener un amigo es un verdadero privilegio y si uno se olvida de ellos se corre el riesgo de volverse como las personas mayores que solo se interesan por las cifras y los números.”

Es una frase que nace al recordar el Piloto al Principito luego de que el muchacho partiera a su planeta B-612. ¿Cómo se expresa la amistad más sincera? Un niño puede responder perfectamente a esta pregunta. La amistad más sincera se expresa con un alto grado de empatía, dejando a un lado los intereses propios para preocuparse más por el bienestar del otro. Un amigo así es un verdadero privilegio, sería bueno llamarse dichoso y no afortunado, porque la fortuna no dura toda la vida, dado que sólo es temporal; sin embargo, la dicha tiene más tiempo de caducidad o es permanente, y una vez que en los sentimientos no quepa la duda.

Una persona adulta ocupa mucho su tiempo en el trabajo, o como dice la frase “solo se interesan por la cifras o por los números”, lo que recuerda a algunos de los habitantes de los seis planetas que el Principito visitó antes que llegara a la Tierra.

El adulto con el quien menos el Principito hubiera trabado amistad es con el “hombre de negocios”, un tipo que no tenía tiempo para otra cosa que no sea contar las estrellas del cielo, un hombre avaro que solo se preocupaba por acumular riquezas que ni siquiera le eran útiles. Se sentía feliz con las cifras que decía tener. En el mundo hay muchas personas con estas características, apostamos que ninguna tiene amigos porque su único compañero fiel es el dinero y las riquezas que acumula.

Cuando nos centramos en conseguir todo de forma desmesurada y vana estamos perdiendo nuestra alma. Nuestros esfuerzos no tienen un fin filántropo o humanitario. No existe en el léxico de estas personas la palabra compartir, porque quizá no han tenido la oportunidad de tener un amigo al lado con quién puedan aprender sobre la reciprocidad.

El mundo está plagado de sentimientos de interés propio, si cada ser humano podría ser capaz de sentir empatía por cualquiera que incluso acaba de conocer, tal vez no existirían las guerras o las divisiones entre pareceres. Se abrirían múltiples consensos en las diferentes sociedades o círculos de gente que buscan una solución. Las personas mayores, literalmente, dejarán de serlo. Y se los digo por qué: ¿Recuerdan al niño o la niña con quien jugaban durante la infancia, eran inseparables; y ahora, cuando se vuelven a encontrar en la calle se voltean la cara como si no se conocieran? A muchos me imagino que les pasa o les pasó esto. Dolerá un poco, pero así es. Ya nada volvió a ser lo mismo. Quizá fue una discusión que tuvieron de adolescentes y jamás pudieron resolver porque cada uno insistía en su dicho. Sea lo que haya pasado fue cuando dejaron de ser niños. Tal vez hubo sentimientos más fuertes que el otro no compartía del todo, y no porque sea egoísta, más bien porque había madurado antes o después. Cuando se crece, la empatía hacia el prójimo disminuye. Pero no por dejar nuestro cuerpo de niños debemos dejar de pensar como ellos. Eso no ayuda, complica aún más la vida. Viviremos amargados cuando algo no nos salga bien, insultaremos cuando alguien nos ofenda, arremeteremos con los puños cuando nos amenacen, y hasta se planeara asesinatos con tal de sentirse victoriosos.

Perdemos la inocencia al dejar de ser niños. Nadie tiene la culpa porque es inevitable. Aunque la influencia externa tiene mucho que ver en este contexto. Ahora con tantos medios de comunicación disparándonos imágenes, los niños se vuelven más susceptibles al cambio. De aquí debe partir la obligación de los adultos, en este caso los padres, para enseñarles a sus hijos por dónde debe encaminárseles para que crezcan siendo personas con un alto sentido de moralidad y análisis. Y este análisis más debe enfocarse en el prójimo que en las cifras que vemos día a día, y que en su mayoría son falsas. Si somos analíticos con los demás, podemos llegar a ser empáticos y volver a tener amigos de verdad que nos ayuden a crecer como seres humanos, continuando con el trabajo que los compañeros de la infancia dejaron a medias.

Entablar amistades perennes crea lazos tan fuertes como en una madre con su hijo o entre hermanos gemelos. Cuando uno de ellos se va de este mundo el lazo sigue intacto, pues la muerte solo es un estado del alma y como la conexión es invisible a los ojos es parte de ella. Cuando el Principito desaparece el lazo sigue intacto con el piloto, ambos viven en el corazón de cada uno, y ya lo dije con anterioridad.

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Acá acabo el análisis de tres frases más del libro que tanto me encanta, “El Principito. Parece que esta vez fui un poco más extenso en la redacción de estas líneas. En fin, espero que la hayan disfrutado.
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